La calle San Sebastián, límite natural entre las ciudades de Funes y Roldán, se convirtió en una trampa de barro para cientos de vecinos que intentan circular por la zona. Tras las intensas lluvias que azotan a la región desde Semana Santa, el tramo que se extiende desde la colectora de la autopista hasta la calle San José se encuentra totalmente intransitable.
El problema afecta a cualquier tipo de movilidad: ya sea en auto, a pie o en bicicleta, cruzar este sector resulta imposible por la ausencia de un mejorado firme que resista el agua. Según explican los residentes, la situación es crítica, ya que este trayecto funciona como una vía de acceso vital para quienes necesitan conectar con las calles José Ingenieros o Houssay.
«No se puede transitar, el estado es deplorable», relató un vecino que utiliza diariamente la arteria para desplazarse. La acumulación de agua y la falta de mantenimiento histórico en este punto limítrofe dejaron aislados a los usuarios habituales, transformando un camino estratégico en un lodazal que impide el desarrollo de la vida cotidiana.
La problemática no solo impacta en los funenses, sino que también perjudica a la ciudadanía en general y a los habitantes de los barrios roldanenses El Molino y Prados del Sol. Al ser una zona de alto tránsito interurbano, el corte fáctico de la calle genera desvíos por rutas alternativas que ya se encuentran saturadas por el temporal.
A la espera de que el clima dé tregua, los vecinos reclaman una intervención urgente que garantice la conectividad entre ambas localidades. Mientras tanto, la calle San Sebastián permanece como un símbolo de las dificultades de infraestructura que emergen en la ciudad ante cada fenómeno meteorológico de magnitud.
















































