Lo que debería ser la tranquilidad de un hogar en calle Casilda al 400, en la ciudad de Roldán, se transformó en una verdadera trampa mortal para una familia. Desde hace semanas, la presencia de una colmena masiva con más de cien abejas condicionó cada movimiento de los residentes, quienes conviven con una complicación extra que vuelve la situación crítica: son alérgicos. La tensión alcanzó su punto máximo hace unos días cuando, tras un ataque masivo de los insectos, la familia debió ser trasladada de urgencia. A pesar de residir en Roldán, la celeridad y la respuesta que les salvó la vida provino del Centro de Salud Esteban Maradona, en Funes.
El calvario diario es descrito por sus protagonistas como una existencia dictada por el comportamiento de los insectos. Una de las jóvenes que habita la vivienda explicó a InfoFunes que ya no tienen una vida normal, puesto que deben entrar y salir de su propia casa dependiendo de “si las abejas están activas o no”. Según relatan, el peligro es subestimado por quienes no padecen alergias, pero para ellos, “cada picadura representa un riesgo de muerte inminente”. Esta vulnerabilidad quedó demostrada cuando los insectos los atacaron, obligándolos a buscar atención médica inmediata en Funes, donde el equipo del dispensario local logró estabilizarlos a tiempo.
A pesar de la gravedad del episodio, la solución definitiva parece estar atrapada en un laberinto burocrático y técnico. La colmena se encuentra ubicada a más de diez metros de altura, lo que frustró los intentos de remoción. Incluso apicultores profesionales que se acercaron para intentar brindar ayuda de manera solidaria terminaron desistiendo ya que “se fueron con más de tres picaduras cada uno, tanto en el rostro como en el cuello”, relató la joven. Según la familia, las gestiones ante los bomberos y las áreas de medio ambiente de Roldán no dieron frutos, dejándolos en un vacío de respuestas mientras el riesgo sigue colgando sobre sus cabezas.
La vivienda, que habitan bajo contrato de alquiler, se volvió una cárcel de la que no pueden escapar sin exponerse. La familia insiste en que no se trata de una molestia menor, sino de una cuestión de salud pública que requiere equipamiento especial para trabajar en altura. El pedido es claro: necesitan que el municipio de Roldán tome cartas en el asunto para erradicar la colmena. Mientras esperan que la ayuda oficial finalmente llegue, agradecen la rápida intervención de los profesionales de Funes que evitó que esta historia terminara en una tragedia, aunque saben que, al regresar a casa, el peligro sigue allí, esperándolos en la puerta.
















































