Un nuevo restaurante abrió en la esquina de Yrigoyen y Sarmiento con una propuesta clara: cocina casera, pastas hechas a mano y un formato que combina desayunos, menú ejecutivo y carta por la noche. Se trata de Trattoria Rosmarino, el proyecto personal de Silvia Belardinelli, que decidió apostar por su propio espacio en Funes.
El lugar empezó a transformarse en octubre de 2025, cuando encaró una renovación completa del espacio. La idea fue clara desde el inicio: dejar atrás el perfil nocturno que tenía el local que allí funcionaba — la Bardonecchia — y llevarlo hacia algo más diurno, natural y conectado con la galería, aprovechando la luz y el entorno para generar otra experiencia. “Me gusta mucho la naturaleza y quería que el lugar vaya para ese lado, que se pueda disfrutar también de día”, cuenta.
La propuesta gira alrededor de lo casero. Pastas, panificados y platos elaborados desde cero marcan el pulso de la cocina. “Todo lo que sale es hecho acá, desde los discos de empanadas hasta el pan”, resume Silvia, en un concepto que también se apoya en su historia familiar, atravesada por la tradición de la panadería y el trabajo con masas. “Siempre en mi familia se trabajó mucho con masa, es algo que traigo desde chica”, agrega.
El funcionamiento acompaña esa lógica. De martes a viernes al mediodía ofrece menú ejecutivo y desde esta semana sumó desayunos desde temprano. Por la noche, de jueves a sábado, la trattoria cambia el ritmo y pasa a una carta más amplia, donde empiezan a ganar lugar las carnes y el horno de barro, uno de los ejes que busca potenciar. “Tengo un horno de barro hermoso y lo quiero aprovechar cada vez más”, adelanta.
Pero más allá del menú, el diferencial está en quiénes lo hacen posible. Rosmarino funciona con tres generaciones trabajando juntas, entre cocina y salón, en un equipo que mezcla experiencia, familia y cercanía en el trato. “Mis hijos me ayudan, las cocineras son madre e hija y una de las mozas es la nieta. Eso le da un clima muy especial”, dice.
También hay una decisión territorial detrás del proyecto. Silvia eligió instalarse del lado norte de la Ruta 9, un sector que empieza a ganar movimiento pero todavía corre de atrás frente al desarrollo más consolidado del sur. “Quería darle vida a este lado de Funes, que está buenísimo. Desde que vine a vivir acá me sentí muy cómoda con la gente y me parecía lindo apostar en este sector”, explica, mientras define al local como “una casita encantada”.
El proyecto, que empezó como una cuenta pendiente, hoy ya es una realidad en marcha. Y con la llegada del frío, la idea es sumar también los domingos al mediodía. “Estoy muy contenta, es un proyecto muy personal y le estoy poniendo todo”, cierra Silvia, mientras la trattoria empieza a construir su lugar en la ciudad.











































