A las 7:30 de la mañana, el cielo se cerró de golpe y, en cuestión de minutos, la rutina se convirtió en desconcierto. Lo que parecía una tormenta más derivó en un fenómeno tan breve como devastador. La caída de granizo, con una intensidad pocas veces vista, transformó la ciudad: calles cubiertas de blanco, autos dañados, techos destruidos y árboles vencidos por la fuerza del impacto.
El centro fue uno de los puntos más afectados, aunque el golpe se sintió en cada barrio. Las imágenes recorrieron el país y pusieron a Funes en el centro de la escena, con postales que parecían irreales. Pero detrás de lo viral quedaron las historias, las pérdidas y la necesidad de una reconstrucción inmediata.
El impacto en el corazón de la comunidad
El relevamiento de daños realizado en aquel momento por InfoFunes dio cuenta de la magnitud del siniestro en edificios emblemáticos. El granizo no solo castigó a cientos de viviendas particulares y vehículos, sino que afectó seriamente la operatividad de instituciones fundamentales:
El Cuartel de Bomberos Voluntarios: en plena emergencia, los rescatistas sufrieron daños en su propia base, con perforaciones en los techos que pusieron en riesgo equipamiento crítico.
La Municipalidad: el edificio central sufrió roturas masivas de cristales y daños en su estructura superior, afectando la operatividad administrativa en un momento de crisis.
El Club Funes: un espacio central para la vida social y deportiva que vio sus instalaciones golpeadas por la fuerza del hielo, obligando a un cese de actividades.
Una respuesta articulada frente a la emergencia
Frente al desconcierto inicial, la reacción desde los distintos niveles del Estado fue determinante. El intendente Roly Santacroce encabezó los operativos de asistencia en territorio, coordinando a las cuadrillas municipales para el despeje de arterias bloqueadas por ramas y la asistencia primaria a los vecinos cuyas casas habían sufrido filtraciones y roturas de techado.
Esa gestión local encontró un respaldo fundamental en el Gobierno de la Provincia de Santa Fe. El gobernador Maximiliano Pullaro dispuso con celeridad el envío de ayuda económica estratégica para afrontar la reparación de la infraestructura pública y el apoyo a las instituciones intermedias. Esta sinergia política permitió que instituciones como el Cuartel de Bomberos y el Club Funes iniciaran su restauración sin dilaciones.
El paisaje recuperado
A doce meses de aquel evento, el paisaje de Funes ha recuperado su fisonomía habitual. Las cicatrices en el arbolado y en los frentes de las casas han ido sanando gracias al esfuerzo privado y al apoyo estatal.
Hoy, el aniversario de la tormenta sirve para recordar la fragilidad ante los fenómenos climáticos, pero fundamentalmente para poner en valor la capacidad de respuesta de una comunidad y una dirigencia que, ante lo inesperado, supieron poner a la ciudad nuevamente de pie.













































