A 50 años del golpe cívico militar que dio inicio a la última dictadura, el gobierno de Santa Fe anunció que construirá un Espacio de la Memoria en la Quinta de Funes, el único centro clandestino de detención confirmado que hubo en Funes. El “Casco La Argentina” tiene un historia particular ya que no fue un lugar tradicional durante esos tristes años: fue escenario de un perverso experimento comandado por Leopoldo Fortunato Galtieri, que luego fue designado presidente de la Junta Militar. Años después, una extraña princesa de Mónaco quiso venderle el predio a Marcelo Bielsa.
QUÉ PASÓ EN LA QUINTA DE FUNES
El predio, una típica quinta vacacional, era propiedad de Ana Cura de Fedele, quien se lo alquiló al II Cuerpo de Ejército que tenía asiento en Rosario y abarcaba las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa. En ese entonces, esa unidad estaba bajo el mando de Galtieri. Allí, entre septiembre de 1977 y enero de 1978, estuvieron detenidos dieciséis militantes políticos, de los cuales quince terminaron desaparecidos.
La Quinta fue escenario de un perverso experimento. Los allí detenidos, según testimonios surgidos en las sucesivas causas judiciales, no eran torturados con los métodos tradicionales, sino que eran forzados a vivir “en normalidad”, habitando lugares de la casa como la cancha de vóley o la pileta. El objetivo era “quebrarlos” y liberarlos, para que funcionen como infiltrados en Montoneros. Dentro de la Quinta había una imprenta donde los militares producían panfletos falsos para atribuirles a las organizaciones.
LA OPERACIÓN MÉXICO
El centro clandestino duró poco porque, justamente, la operación de Galtieri y su banda falló. El dictador negoció con uno de los detenidos, Tulio “Tucho” Valenzuela, quien le prometió que si lo liberaban viajaría a México y entregaría a Mario Firmenich y la cúpula de Montoneros, refugiados allí. Galtieri confió y autorizó el operativo, pero Valenzuela se escapó al llegar al país azteca y le reveló el plan a los jerarcas montoneros. Luego, hizo público lo sucedido en una conferencia de prensa, por lo que un diario mexicano llamó a la Quinta y así los militares decidieron desmantelarla.
Los detenidos que aún estaban en la Quinta -llamada Casco La Argentina- fueron trasladados primero a la Escuela Magnasco, otro CCD ubicado en Rosario, y luego a La Intermedia, una casa en Timbúes donde fueron fusilados. La que corrió un destino distinto fue Raquel Negro, pareja de Valenzuela, que estaba embarazada de mellizos. Negro fue obligada a parir en el Hospital Militar de Paraná, luego asesinada y su cuerpo trasladado a La Intermedia. Los mellizos fueron apropiados y recién en 2008 se encontró a Sabrina, nieta recuperada N° 96, quien aún hoy busca a su hermano.
Entre las víctimas fusiladas, hay una cara al sentimiento de la ciudad. Se trata de Ana María Gurmendi, la única desaparecida funense. El resto de las víctimas fueron: Eduardo Toniolli (padre del exdiputado nacional), Fernando Dusex, Carlos Laluf, Marta María Benassi, Jorge Novillo, Stella Hillbrand de Del Rosso, Miguel Angel Tossetti, Oscar Daniel Capella, Pedro Retamar, María Adela Reyna Lloveras, Liliana Nahs de Bruzzone, Teresa Soria de Sklate y Marta María Forestello.
UNA EXTRAÑA PRINCESA MONEGASCA
La historia fue reconstruida, en su mayoría, gracias al testimonio de Jaime Dri, el único sobreviviente. Dri había sido trasladado a la Quinta desde la ESMA, y volvió allí cuando los militares decidieron desmantelar el CCD ubicado en Funes. Lo que pasó fue conocido en la causa Guerrieri I, donde declaró Dri, y en el histórico libro “Recuerdos de la Muerte”, de Miguel Bonasso. Por su parte, Rafael Bielsa escribió la historia de Valenzuela en el libro “Tucho. La ‘Operación México’ o lo irrevocable de la pasión”, que sirvió como base para la película que se filmó en 2015 en el predio ubicado en Funes.
Tras los años de plomo, la Quinta fue pasando de manos. Antes de la expropiación, había sido noticia por su estado de abandono -un obstáculo para filmar la película- y por la realización de fiestas allí. En 2016, por impulso de militantes de derechos humanos de la ciudad y del entonces concejal Mauro Miguez, la Legislatura finalmente sancionó una ley que expropió la Quinta. En el Senado, el proyecto fue impulsado por el peronista Raúl Gramajo y el entonces vicegobernador Jorge Henn, mientras que en Diputados había sido diseñada por la diputada del Frente Progresista Alicia Gutiérrez.
El episodio más paradójico, sin embargo, lo reveló Bonasso en una columna del diario Página12 en 1999: una extraña mujer que se autodenominaba princesa oriunda de Mónaco, llamada María Isabel Esquivel, fue a visitar a Marcelo Bielsa a un entrenamiento del Espanyol de Barcelona, equipo que dirigía, y le quiso vender la Quinta. El técnico hasta fue a ver el predio junto a su hija y un colaborador y charló con la familia que vivía allí, que supuestamente le alquilaba la propiedad a la princesa monegasca. Sin embargo, desistió de la compra.














































